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Tu consumo lo cambia todo

Un pequeño acto, la compra, se puede convertir en una revolución que genere profundos cambios en la sociedad. El incremento del consumo está causando un gran impacto en el planeta y nosotras, las personas, podemos frenarlo en gran parte.

Mercado ecológico en París © Peter Caton / Greenpeace

¿Cómo es posible? Hagamos un zoom en una acción de un día cualquiera de una ciudad cualquiera de este país. Si elegimos consumir carne, tenemos que saber que la ganadería industrial es la responsable del 14% de los Gases de Efecto Invernadero. Además el modelo que rige de ganadería es el causante de la tala de bosques para producir pienso y pastos que engordan rápidamente al ganado (la velocidad está íntimamente ligada al volumen de demanda). La clave: reducir nuestro consumo de carne a la mitad (300 g a la semana) y conseguirlo para 2050.

Pero el consumo también tiene que ver con plásticos. Si optamos por comprar fruta, nos encontramos en cualquier superficie comercial cantidades ingentes de fruta y verdura con embalajes de plásticos exagerados sin que aporten ningún beneficio real al producto. En la Unión Europea y en España, casi el 40% de los plásticos que se producen son envases, en su mayoría de un solo uso: bolsas, envoltorios, vasos… de los que se recicla el 30% (en el mejor de los casos). Y dónde acaban: hasta doce millones de toneladas de plástico llegan a los océanos y ya se han observado más de 1.300 especies marinas afectadas. Empiezan a ser tristemente familiares las imágenes de nuestras playas y mares inundadas de plásticos.

Por no hablar de la ropa. Su impacto va creciendo a medida de su imparable demanda. Cada año se fabrican más millones de ropa ya que cada persona compra un 60% más de artículos para vestir que hace quince años y los conserva la mitad de tiempo. De ahí que hablemos de “moda rápida o fast fashion” porque se están convirtiendo en productos de usar y tirar. Lo que conlleva un grave problema de uso de materias primas y de generación de residuos.

La clave: reducir

Después de la información viene la acción. Y tenemos margen. Porque todo aquello que consumimos de una manera se puede hacer de otra: hay alternativas. Si cambiamos nuestros hábitos de consumo por otros más sostenibles, lograremos un gran cambio que impactará en el planeta.

Reducir se convierte en la clave para frenar el aumento del consumo actual. Reducir nuestro consumo de carne y lácteos para obligar a cambiar el sistema de producción industrial de ganadería por otros ecológicos y locales. Apostar por una dieta más mediterránea que pase por productos de calidad, de proximidad (¿por qué necesitamos comer melón en enero que viaja 10.000 kilómetros?) y de temporada.

Llevemos siempre una bolsa de tela para conseguir reducir la cantidad de plásticos y optemos por comprar a granel en vez de los productos embalados con todo tipo de capas de plásticos.

Y acordémonos de que la ropa que se descose o rompe puede tener mejor final que la basura.

Trabajando en ciudades para revolucionar el mundo

Las ciudades son las catedrales del consumo, ya que acogen al mayor número de personas en el mundo. Según las estadísticas, para 2050 se estima que el 66% de la población mundial vivirá en núcleos urbanos, y el 14% aproximadamente en mega urbes con más de 10 millones de habitantes. La realidad en España no es muy diferente. El 80% de la población reside en urbes y para 2030 se prevé que el 40% de las personas viva en las 15 grandes ciudades de más de 300.000 habitantes.
Greenpeace quiere centrarse en las ciudades para promover cambios sustanciales en el consumo que tengan un impacto positivo en el planeta. Queremos ciudades para las personas, más humanas y diseñadas ambientalmente, más eficientes, menos contaminadas, con menos residuos y donde la calidad de vida, la reparabilidad, el intercambio, las nuevas economías y la comunidad sean parte fundamental.
Con este objetivo la organización trabajará en 10 ciudades españolas los distintos ámbitos relacionados con el consumo: alimentación, movilidad, plásticos y moda.

Texto: Cristina Castro   Fotos: © Peter Caton / Greenpeace