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Por una movilidad feminista

Firma invitada: Sara Ortiz Escalante, socióloga y urbanista feminista

Sara Ortiz Escalante, socióloga y urbanista feminista © Greenpeace

Vivimos en ciudades donde se ha privilegiado la movilidad motorizada, una movilidad minoritaria mayormente masculina, en detrimento de la movilidad sostenible de las mujeres. Nosotras mayoritariamente nos movemos a pie y en transporte público, y cada vez más en bicicleta, por un mayor número de motivos, entrelazando actividades cotidianas en distancias más cercanas.

Con la pandemia hemos podido conocer cómo sería otro tipo de ciudad y de movilidad. La pandemia nos brindó calles sin coches y contaminación, y en algunas ciudades se han realizado intervenciones para ampliar las infraestructuras de la movilidad a pie y ciclista. Se disminuyeron los niveles de contaminación, provocados en gran parte por la movilidad masculina hegemónica, que además de ser tóxica, provoca también desigualdades de género en la salud. La Dra. Carme Valls-Llobet hace décadas que documenta los impactos diferenciales en la salud de las mujeres, y cómo debido a nuestra fisiología y roles sociales los contaminantes ambientales que absorbemos las mujeres incrementan las posibilidades de cáncer.

La utopía de la ciudad sin coches duró poco, al cabo de pocos meses, la movilidad motorizada se recuperó y la contaminación volvió a niveles pre-pandémicos. Se creó la falsa esperanza de que el ritmo en nuestras ciudades cambiaría, pero lamentablemente las bases del sistema patriarcal y capitalista no se han movido. Las mujeres han sido el 70% de las trabajadoras esenciales y lo siguen siendo, pero en cambio continuamos siendo excluidas de las posiciones de poder y toma de decisiones. Las autoridades en tiempo de pandemia han reforzado su sistema de control, limitando aún más el derecho de las mujeres a la ciudad e incrementando las violencias machistas.

Las mujeres no hemos cambiado patrones de movilidad sustancialmente porque el trabajo esencial y de cuidados no se para (algunas, las privilegiadas, han tenido la opción de teletrabajar). Pero los sistemas de movilidad tampoco han revisado sus patrones de decisión androcéntricos. Se han continuado haciendo políticas ciegas al género, y los gobiernos tienen planes de inversión en el coche eléctrico en vez de crear alternativas realmente sostenibles.

Para cambiar este sinsentido, desde el urbanismo feminista proponemos un modelo de movilidad cotidiana con una perspectiva feminista interseccional que sea: accesible y diversa, respondiendo a la diversidad de cuerpos, ritmos y estado de salud; cotidiana y cuidadora, atendiendo a la movilidad del cuidado y a la movilidad interdependiente; segura y librede violencias machistas; nocturna y festiva, para movernos de manera sostenible independientemente del día y la hora; y participativa y equitativa. Las mujeres, a pesar de ser el 50% de la población, continuamos siendo discriminadas e invisibilizadas en el ámbito de la movilidad. Las mujeres somos agentes clave como usuarias, como técnicas y como vecinas. Y sin nosotras, el mundo se acaba.

 

Sara Ortiz Escalante es socióloga y urbanista feminista, Doctora en Urbanismo por la Universidad de British Columbia. Integrante de Col·lectiu Punt 6, cooperativa de sociólogas, arquitectas y urbanistas, con más de 15 años de experiencia, que trabajan por la transformación de ciudades y territorios desde una perspectiva feminista interseccional.