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LAS ENERGÍAS RENOVABLES, CLAVES PARA LA TRANSICIÓN JUSTA

El modelo económico actual, basado en el uso de combustibles fósiles tanto para la producción como para la movilidad, ha de cambiar radicalmente hacia otro modelo basado 100% en energías renovables: inteligente, eficiente, limpio y en manos de la gente

Trenes en la estación de Catalunya-Rodalie

Desde hace ya muchos años que sabemos que hemos de dejar atrás los combustibles fósiles (gas, petróleo, carbón), que son los principales causantes del cambio climático. La quema de carbón, por ejemplo, es una de las principales causas: es el combustible fósil que más emisiones de CO2 emite a la atmósfera.
Por ello, desde Greenpeace proponemos darle la vuelta al sistema y reinventar el actual modelo económico a través de las energías renovables. Llevar a cabo una transición energética que pase de los combustibles fósiles (que hoy constituyen el 80% de la energía que consumimos) y la energía nuclear, a un sistema eléctrico inteligente, eficiente y 100% renovable en manos de la ciudadanía para el año 2030.
Este largo camino ha de comenzar ya mismo y aprovechar esta crisis para convertirla en una oportunidad. Hemos de aprender de los errores que se cometieron en la salida de la anterior crisis de 2008, momento en el cuál toda la sociedad sufrimos los recortes en políticas ambientales, cuando se perpetró un verdadero hachazo a las energías renovables y se aplazó la necesaria transición energética.
Por contra, el modelo energético que planteamos, pone en el centro a las renovables, una solución a todas las necesidades de energía en todos los sectores (transporte, edificación, industria, etc), y lo hace de forma más sostenible y asequible. Y el primer paso a dar para lograr cambiar el sistema es lograr la ruptura del oligopolio eléctrico y acelerar la reforma del mercado eléctrico.
Y como ya señalamos en el informe titulado ‘La recuperación económica con renovables’, la transición ecológica genera la posibilidad de crear hasta tres millones de nuevos empleos en quince años, al tiempo que se reducen las emisiones de CO2.
Además de todas las medidas expuestas, basadas en la producción y consumo de energías renovables y la regulación del mercado eléctrico, apostamos también por devolver al Estado las infraestructuras hidroeléctricas; prohibir totalmente el fracking y la perforación de petróleo y gas en alta mar y en tierra; acelerar el calendario de desmantelamiento nuclear (que supondría una importante creación de empleo); u ofrecer subvenciones y préstamos sin intereses ni contrapartidas desde las instituciones públicas a todas las cooperativas de electricidad.

Una movilidad  BASADA EN EL FERROCARRIL

Durante las semanas de confinamiento, hemos visto en los telediarios y redes sociales cómo los canales de Venecia estaban cristalinos o cómo desaparecía la famosa boina que cubre habitualmente la ciudad de Madrid. Y una de las razones más importantes para explicar estos hechos es el descenso del uso de transportes que emplean combustibles fósiles.
El parón global nos ha enseñado las consecuencias que tiene el actual modelo de movilidad. Por eso, Greenpeace plantea una apuesta decidida por la promoción y completa electrificación del ferrocarril como mecanismo esencial para la vertebración económica y territorial.
Eso facilitaría además la limitación de los vuelos nacionales, que solo estarían permitidos entre las ciudades más distantes y no conectadas por otra vía. Esto vendría acompañado de la tan drástica como necesaria reforma del sector del transporte en general, mediante la prohibición de coches de combustión fósil en 2028, y de su uso en 2040. La reconversión del sector del automóvil al vehículo eléctrico podría ser un importante generador de empleo en esta transición, porque permitiría mantener los empleos del sector mediante la reconversión y formación.

Texto: Mario Ruiz-Ayúcar Dorado