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Sin protesta no hay democracia

Las protestas sociales de las últimas cuatro décadas han permitido importantes avances para el medio ambiente y la paz. Las políticas del odio y el miedo los están poniendo en peligro.

Las protestas sociales de las últimas cuatro décadas han permitido importantes avances para el medio ambiente y la paz. Las políticas del odio y el miedo los están poniendo en peligro. © Martina Weisz/ Greenpeace

Donald Trump, Jair Bolsonaro, Viktor Orban… Cada vez son más los partidos políticos ultranacionalistas con ideas xenófobas e intolerantes que acceden al poder. En todos ellos suele haber un denominador común: el discurso del miedo y del odio, y la exigencia a la población para que sacrifique derechos, como el de la protesta pacífica, a cambio de una supuesta mayor seguridad.

Todavía sin llegar a los extremos de otros países, este “marco mental” del miedo ha permitido que, por ejemplo, en España se impusiera la ley mordaza o surgieran populismos de extrema derecha.

El medio ambiente y la paz también son víctimas de esta situación. En cuatro décadas de democracia las protestas sociales han hecho posibles importantes avances que ahora corren el peligro de perderse. 

“Las manifestaciones masivas contra la incorporación de España a la OTAN en los años 80 del siglo pasado sirvieron para mostrar la conciencia pacifista de la sociedad española”.

En el ámbito medioambiental, las protestas del movimiento antinuclear en sitios como Lemoiz, Garoña o Almaraz han logrado con el tiempo acorralar a la energía atómica.

Grabadas en la memoria colectiva también hay protestas como las de Nunca Máis por el vertido del Prestige o más recientemente las manifestaciones contra el proyecto Castor o las prospecciones petrolíferas de Repsol en Canarias.

Pero también en el ámbito de la paz hay ejemplos como las manifestaciones masivas contra la incorporación de España a la OTAN en los años 80 del siglo pasado que sirvieron para mostrar la conciencia pacifista de la sociedad española que luego se vio corroborada en las protestas contra la guerra de Irak los años 2003 y 2004, que han dejado una importante huella en la sociedad democrática.

Texto: Conrado García del Vado