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Pernik,
la maldición del carbón

En Pernik (Bulgaria) el carbón no solo provoca contaminación. Su extracción ilegal también ha creado mafias. Muchos habitantes tienen miedo a hablar. No es el caso de Galyna que, acompañada por Greenpeace y otras organizaciones locales, lucha para que esta situación cambie.

Galyna Gerginova: Su lucha contra la maldición del carbón

“Vivimos en un estado sin ley ni garantías. Y sí, me siento vulnerable pero no podemos detener la lucha”

“Ahí se puede ver por dónde se extrae el carbón. Cavan con sus propias manos, muchos son niños. Todos los años muere gente. Para asegurarse, a veces meten un perro y si no se derrumba, entran. Es peligroso, para ellos y para quienes vivimos cerca”, denuncia la activista búlgara Galyna Gerginova. Mientras habla, mira a los lados consciente de que la presencia de un grupo grande puede atraer a quienes quieren silenciar lo que allí ocurre. Aún así, continúa.

“Como la minería ilegal es propiedad de la mafia, no hay estadísticas de víctimas, pero hay decenas de muertes y explotación infantil. Todo es visible, todo el mundo sabe lo que está pasando”, prosigue junto a la mina ilegal a cielo abierto, propiedad de uno de los hombres más ricos del país. Allí, protegiéndose del frío y de los visitantes indeseados, explica a la delegación internacional de Greenpeace cómo este combustible fósil, que fue el sustento y motor de la ciudad, es ahora su peor maldición.

Con solo 100.000 habitantes, Pernik es una de las ciudades más contaminadas de la Unión Europea. Sus habitantes sufren los estragos de la central térmica cercana y de la quema de carbón en sus hogares para cocinar y calentarse, que generan partículas tóxicas que los especialistas asocian con la alta tasa de cáncer y de enfermedades respiratorias (una de cada dos habitantes de la ciudad las ha sufrido). Galyna y su familia no son una excepción.

Además de destruir el bosque por la tala de árboles, la excavación de túneles para la extracción del mineral ha convertido el subsuelo en una especie de queso gruyere en el que cualquier construcción corre peligro de derrumbe, algo que ocurre a menudo. Las enormes grietas en muchas de las casas son un recordatorio del peligro que les acecha.
Pero a pesar de todos los problemas, pocas personas se atreven a denunciar lo que ocurre en Pernik, y si lo hacen tampoco les escuchan. Desde hace tiempo, Galyna trabaja junto con Greenpeace y otras organizaciones locales para revertir esta situación. Sabe que no es fácil, pero es una mujer valiente. Ha recibido numerosas amenazas “señales que la mafia te está dando, pinchando ruedas o quemando coches” pero asegura que eso no la parará. “Vivimos en un estado sin ley ni garantías. Y sí, me siento vulnerable pero no podemos detener la lucha. Eso significaría que deberíamos irnos, y no quiero irme. Quiero tener una hermosa vista”, sonríe.

Aunque denuncia que el Gobierno y los medios no prestan atención a su situación, es optimista. “Creo que la solución vendrá con una ciudadanía activa, con personas bien informadas que cambien las cosas. La historia está cambiando y la gente con ella. Vivimos en el siglo XXI, con nuevas tecnologías que hacen que el carbón no sea necesario y es cuestión de tiempo que se vaya de Pernik. Ha llegado el momento de un cambio. Espero que estemos sanos y vivos para ver la solución”.

 

Galyna Gerginova, Activista

“Creo que existe un futuro sin contaminación, mafias ni carbón y que la llave para el cambio está en la gente y su participación activa”Diseñadora de profesión, reside con su familia en Pernik (Bulgaria).
Dirige el Consejo Científico y Técnico.

Adipiscing accumsan eu © Greenpeace

Texto: Marta San Román   Fotos: Greenpeace