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Los malos de la película

Cuando se analizan de cerca los problemas medioambientales más acuciantes a veces pasan desapercibidos los responsables, aunque siempre están ahí, ya sea detrás de un vertido, de la destrucción de un bosque para construir una urbanización o simplemente cuando vemos los impactos del cambio climático.

ilustraciones de los villanos del clima trump, rajoy, darth vader y joker © Greenpeace / Raul Arias

Siempre hay culpables, siempre hay villanos. Suelen responder a ese mismo patrón de seres que anteponen el bienestar propio o el de unos pocos al general, y normalmente están muy bien rodeados de dinero. Se comportan como si no tuvieran escrúpulos, son los villanos del clima. Los villanos son fácilmente identificables cuando proceden del mundo del cómic o del cine, pero en la vida misma hay muchos villanos de carne y hueso que destruyen el planeta al tiempo que se enriquecen ellos mismos o sus amigos.

Con este espíritu ha nacido la idea de los “Villanos del clima”, un proyecto que pretende sacar a la luz y poner cara a esas personas con muy pocos principios que perjudican gravemente el planeta, ya sea a través de sus decisiones políticas o de las actividades económicas de las empresas u organizaciones que encabezan. Y lo hacen porque emiten, o permiten emitir, ingentes cantidades de gases de efecto invernadero, principalmente por la quema de carbón y petróleo para obtener energía, detrás de los cuales está el cambio climático.

TRUMP A LA CABEZA

villano trump
© Greenpeace / Raul Arias

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca el panorama climático ha cambiado considerablemente para Estados Unidos y para el resto del planeta. Tras la firma del Acuerdo del Clima de París existe un consenso prácticamente unánime a nivel mundial sobre la necesidad de reducir emisiones de gases de efecto invernadero, aunque la decisión de Trump de salirse del acuerdo ha supuesto un jarro de agua fría. A pesar de que la mayoría de países firmantes han asegurado que los esfuerzos contra el cambio climático seguirán adelante con o sin EE.UU.

Las decisiones de Trump en materia de energía parecen pensadas para satisfacer a un grupo de personas selectas, sin tener en cuenta el futuro de la mayoría de la población y mucho menos el del planeta. Todo esto hace que Trump se haya convertido en el “villano del clima” por antonomasia. Cabe destacar que incluso su secretario de Estado, Rex Tillerson, quien fuera el máximo responsable de la petrolera ExxonMobil, ha reiterado su convencimiento de la existencia del cambio climático y la responsabilidad del ser humano, algo que poco importa a Trump, a pesar de que su decisión podría tener preocupantes consecuencias para su país.

VILLANOS PATRIOS

Comic Rajoy
© Greenpeace / Raul Arias

Pero no hace falta irse tan lejos como Estados Unidos para encontrar un buen número de ejemplos de villanos que contribuyen con sus decisiones a que la salud de las personas y del planeta (a la vez que la economía) se vean gravemente perjudicadas. En el listado que ha elaborado Greenpeace, sin ánimo de convertirlo en un ránking, se recopila un buen número de nombres que, en mayor o menor medida, son las caras visibles del problema.

Para la elaboración de este listado se han tenido en cuenta diferentes factores, principalmente la capacidad de decisión e influencia en las cuestiones que afectan al clima, de ahí la presencia de un buen número de políticos y expolíticos, pero también se han considerado a las principales empresas energéticas del sector.
Uno de los aspectos que más llama la atención del recopilatorio es la práctica ausencia de mujeres en la lista, que demuestra el poco acceso que el género femenino tiene a puestos de decisión tanto en las administraciones públicas como en las empresas privadas.

A la cabeza de los villanos “patrios” se encuentra Mariano Rajoy, como presidente del Gobierno de España, que ha dado un vuelco a la política energética del país al adoptar decisiones más propias del siglo XIX o XX que del XXI. De origen gallego, es sin duda, el mayor “villano del clima” en su comunidad autónoma natal. Entre todas sus apuestas, además del hachazo a las renovables, destaca el visto bueno al impuesto al sol, una medida que el sector de las energías renovables considera especialmente perversa porque persigue impedir que la energía se “democratice”.

“Da la sensación de que en materia energética, Rajoy siempre apuesta por la medida que más perjudica al clima”, comenta Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace. Sea como fuere, la realidad es que a día de hoy España ha descendido 12 puestos en el ránking europeo de esfuerzos contra el cambio climático.

Pero no muy lejos de Rajoy se encuentra su ministro de Energía, Álvaro Nadal, formado bajo la influencia de José Manuel Soria. Nadal se ha posicionado continuamente a favor de la quema de carbón para obtener electricidad.

Pero si Nadal ha tomado decisiones objetivamente perjudiciales para el clima durante su poco tiempo al frente del Ministerio, su predecesor no le fue a la zaga. José Manuel Soria, repudiado en su propia tierra (islas Canarias) por su apoyo a las prospecciones petrolíferas de Repsol en las aguas frente a Lanzarote, dedicó buena parte de su mandato a beneficiar a las grandes empresas tradicionales del sector energético y a recortar el desarrollo de las renovables, lo que supuso un retroceso tecnológico y económico para España. Pero sería injusto no recordar que Soria recogió el guante lanzado por su predecesor en el cargo, el socialista Miguel Sebastián, que pasará a los anales de la historia por el Real Decreto 1565/2010, que supuso una sangría para las renovables. La ambigüedad de Sebastián le costó no pocas críticas y que poco después abandonara la vida pública, aunque ya había pasado al imaginario colectivo como un “villano” para el clima. Suerte similar corrió otro famoso personaje, como Rodrigo Rato, que enriqueció con sus medidas fiscales a las eléctricas y cuyo fin es sobradamente conocido.

En la lista de Greenpeace aparecen otros nombres del mundo empresarial, como el presidente de la petrolera Repsol, Antonio Brufau, el presidente de Endesa y muchos otros.

Pero además se pueden encontrar a personajes casi desconocidos como Álvaro Mazarrasa, director de AOP, el lobby de los petroleros o Vitorino Alonso, dueño del grupo Alonso-Unión Minera del Norte, y que es conocido como “Don Vito Carbone”, en recuerdo a un personaje de la saga de El Padrino.

VILLANOS DE ÁMBITO AUTONÓMICO

También se puede ser un “villano” aun no teniendo proyección nacional o internacional. Es el caso de responsables políticos como José Sánchez Maldonado, exconsejero de empleo de la Junta de Andalucía y gran defensor del modelo energético basado en las energías sucias. En Aragón se encuentran Marcelino Iglesias y Javier Lambán, expresidente y presidente respectivamente de la Comunidad y firmes defensores de la quema de carbón para producir electricidad (y cambio climático). En Asturias destacan Gonzalo Urquijo Fernández de Araoz (expresidente de AcerloMittal) y Manuel Menéndez Menéndez, presidente de Hidroeléctrica del Cantábrico (99,87% propiedad de EDP), cuyas empresas son sobradamente conocidas por sus grandes emisiones de CO2.

En Canarias, por su parte, destaca Fernando Clavijo, el presidente del Gobierno autonómico, defensor de la quema de gas para producir electricidad, a pesar de “apostar por las renovables”, como asegura en sus declaraciones. En Cantabria, Francisco Martín, consejero de Industria ha querido minimizar el escándalo de las emisiones de Volkswagen, como si la población fuera ignorante. En Castilla La Mancha aparece Francisco Gil Ortega, expresidente de Enresa y uno de los principales impulsores del cementerio nuclear de residuos nucleares de Villar de Cañas. Y, más al sur, aparece Pilar del Olmo, consejera de Economía y Hacienda de Castilla-La Mancha y única mujer del listado que es una firme defensora de la quema de carbón.

Por su parte, en Euskadi destaca Josu Jon Imaz, exconsejero de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno Vasco, presidente del PNV, presidente de Petronor y consejero delegado de Repsol. La petrolera vizcaína Petronor que preside Imaz es la novena empresa que más contamina en España. Mientras tanto, en Extremadura destaca el empresario Alfonso Gallardo, impulsor de un proyecto de refinería de petróleo que puso en peligro el Parque Nacional de Doñana.

En Murcia, el exconsejero Antonio Cerdá, defendió proyectos urbanísticos que acentuaban el problema del cambio climático del que tanto adolece su región, al igual que la vecina Valencia, donde Fernando González Olivieri, director de la cementera Cemex, dirige a una de las empresas más contaminantes del país.


Dar el salto contra los villanos

Puerto de A Coruña, Galicia, España. Activistas de
© Greenpeace / Pedro Armestre

Pasar de las palabras a los hechos. De la queja a la denuncia y de la denuncia a la acción. Siguiendo este principio lógico de actuación, Greenpeace comenzó a primeros de septiembre una singladura a bordo del barco Esperanza precisamente para presentar el informe en algunos de los lugares más emblemáticos del Cantábrico.

La primera etapa, llevó al Esperanza hasta el puerto de A Coruña, donde, además de presentar el informe, el barco sirvió de plataforma para mantener reuniones con diferentes colectivos sociales y partidos políticos además de para dar a conocer a la ciudadanía su contenido a través de visitas guiadas.

Aprovechando la presencia en el puerto de A Coruña de uno de los principales depósitos de carbón ubicados por la zona, un grupo de activistas procedentes del Esperanza participó en una protesta pacífica para denunciar la quema de carbón para producir electricidad en centrales térmicas, debido a que es una de las principales causas de emisiones de cambio climático del sector de la energía.

Los activistas escalaron hasta la cúpula del depósito de carbón, conocido como ‘la Medusa’, y colocaron una pancarta en la que se podía leer “Almacén de cambio climático”, mientras otro grupo de activistas permaneció suspendido frente a la entrada del depósito durante varias horas, tiempo durante el que se interrumpió el transporte de carbón para ser quemado.

Una actividad similar tuvo lugar en el puerto de Gijón, siguiente meta del buque ecologista, donde activistas colocaron unas letras gigantes con el mensaje “No más carbón” en un depósito ubicado junto a las instalaciones portuarias de El Musel.

El mensaje del Esperanza por un futuro con más energías renovables y menos quema de carbón terminó su periplo en Bilbao. En Euskadi, a pesar de que la quema de carbón para producir electricidad es una actividad minoritaria, Greenpeace pidió igualmente un cambio de paradigma energético que pusiera en el centro a las personas como partícipes del nuevo modelo y a las energías renovables en el lado de la generación. Algo que parece de sentido común, y que es todo lo contrario de lo que defienden los villanos del clima.

Texto: Conrado García del Vado   Fotos: Ilustraciones Raúl Arias