Un legado para el planeta
Xavier Pérez Serrano, socio de Greenpeace desde 1986
Xavier Pérez Serrano se hizo socio de Greenpeace en 1986. Desde entonces, no ha dejado de seguir campañas y de mantener intacta una convicción: la defensa del planeta no puede depender de intereses políticos ni empresariales.
Profesor durante cuarenta años, Xavier siempre entendió la educación como una forma de pensar en las generaciones futuras. Quizá por eso ha decidido incluir a Greenpeace en su testamento solidario: como una manera de que ese compromiso con el planeta continúe más allá de su propia vida. «He considerado, libremente, que mi pequeña contribución a lo largo de cuatro décadas debe seguir y proyectarse en el futuro también», explica.
Su vínculo con Greenpeace nació en un momento especialmente convulso. El desastre de Chernóbil acababa de sacudir al mundo y el hundimiento del Rainbow Warrior seguía muy presente en la memoria colectiva. «Me fascinó la campaña contra las energías contaminantes y peligrosas para nuestro planeta», recuerda sobre aquellos años. También le marcó profundamente el atentado contra el buque insignia de Greenpeace en Nueva Zelanda, donde murió el fotógrafo Fernando Pereira —«recordémoslo siempre»— mientras la organización protestaba contra las pruebas nucleares francesas en el Pacífico. «Qué poco hemos aprendido cuando se sigue reivindicando esa energía por parte del lobby nuclear», lamenta.
Aquellos episodios terminaron de consolidar una forma muy concreta de entender el activismo: pacífico, incómodo para el poder e independiente.
Con el tiempo llegaron otras campañas que reforzaron todavía más ese vínculo. Xavier recuerda especialmente las acciones contra la caza de ballenas y el exterminio de focas en el Ártico. «Me acabaron de convencer de que se trata de una ONG única», explica, destacando su capacidad para enfrentarse «a Estados poderosos como Japón y Noruega y, sobre todo, a los grupos expoliadores que minan y destrozan nuestra biodiversidad».
A lo largo de esos años, también trasladó parte de esa conciencia ecologista al aula. Para él, Greenpeace siempre ha representado una forma de activismo capaz de inspirar pensamiento crítico entre generaciones más jóvenes. «El trabajo y ejemplo de Greenpeace me ha ayudado a que los estudiantes aprendieran lo importante que es luchar pacíficamente por el medio ambiente».
Su compromiso sigue, además, muy conectado con la actualidad. En los últimos tiempos ha seguido de cerca cuestiones como las demandas SLAPP o el apoyo a la flotilla humanitaria rumbo a Gaza.
Para Xavier, el testamento solidario es una manera de prolongar unos ideales que lleva defendiendo desde hace décadas y contribuir a que futuras generaciones reciban también ese legado. Un gesto sencillo, reversible y compatible con cuidar de los seres queridos, que permite además que todo lo donado llegue íntegramente a Greenpeace para seguir defendiendo la Tierra.
«¿Qué mejor causa hay en estos momentos que salvar a nuestro planeta de su destrucción programada por la avaricia de los insaciables poderosos?».
Texto: Greenpeace Fotos: © Greenpeace