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Paremos esta locura

Greenpeace ha sido testigo del enorme daño ambiental causado por la macrogranja de Caparroso, en Navarra

Macrogranja de Caparroso, Navarra

Tras nuestra denuncia, ya nadie puede negarlo: la ganadería industrial es una amenaza para el medio ambiente y para el futuro del mundo rural.

Otro atentado ambiental, otra denuncia de Greenpeace. Y, como probablemente habrás visto, con gran repercusión mediática. No es para menos, porque lo que hemos presenciado en la zona donde se ubica la macrogranja de Caparroso, en Navarra, es alarmante. Un auténtico ecocidio.

La empresa propietaria, Valle de Odieta, deposita los purines de esta explotación de vacuno de leche en los campos agrícolas. Los utiliza como auténticos vertederos donde se producen filtraciones y escorrentías que caen en cascada por los taludes y, en algunas partes, llegan hasta el río Aragón cargadas de nitratos. La Organización Mundial de la Salud fija en 50 mg/l el nivel máximo permitido de nitratos en el agua potable, un tope que recogen tanto la legislación europea como la española (a partir de 25 mg/l se considera una incidencia importante). Pues bien, en Caparroso hemos encontrado niveles de 66 y casi 82 mg/l en dos puntos donde tomamos muestras de agua para analizarla.

La polución afecta también a la Zona Especial de Conservación de los Tramos Bajos del río Aragón. En este hábitat de dos especies en peligro de extinción, el visón y el galápago europeos, se han invertido además grandes cantidades de dinero público.

Llamada de auxilio

El origen de nuestra denuncia fue un SOS lanzado por asociaciones ecologistas y ciudadanas de Navarra. Padecen las malas prácticas de esta fábrica de contaminación desde hace mucho tiempo y, como necesitaban ayuda para enfrentarsea la empresa, acudieron a Greenpeace. Como sabes, una de nuestras misiones es dar testimonio de los atentados ambientales, así que respondimos inmediatamente con todos los medios de que disponemos.

Gracias a la colaboración de la Compañía de las 3Rs y otras entidades locales, conocimos con más detalle el terrible historial de Valle de Odieta en Caparroso. La empresa explota más de 5.000 vacas, pero solo tiene permiso para 3.450. No es la única ilegalidad que comete, pues acumula 19 denuncias y 11 sanciones por infracciones ambientales. Para colmo, ahora quiere aumentar la capacidad de la macrogranja a 7.200 cabezas. Está claro que las multas le salen baratas.

“Es incomprensible que se le permita seguir funcionando”, protesta Luís Ferreirim, responsable de Agricultura de Greenpeace España y miembro del equipo que ha documentado el impacto de la macrogranja. No hay sanciones que valgan ni se puede tolerar más impunidad. Las malas prácticas y la nueva agresión ambiental de Valle de Odieta han de tener una respuesta contundente desde las administraciones. Por eso, hemos instado al Gobierno de Navarra a paralizar de inmediato esta macroexplotación.

Un monstruo cinco veces más grande

No acaba ahí nuestra denuncia. Porque Valle de Odieta es una vieja conocida. Desde 2017 seguimos su proyecto para construir una monstruosa macrogranja en un pequeño pueblo de Soria, Noviercas. Sería la mayor de Europa, con capacidad para explotar 23.520 vacas en una superficie equivalente a 120 campos de fútbol.

 

¿De verdad necesita España una macroexplotación así? No solo eso. En el infame podio de las granjas más grandes del mundo encontramos la de Mudanjiang (China), con 100.000 cabezas, y la de Fairy Oaks (Estados Unidos), con 30.000. La de Noviercas sería la tercera. Sería vergonzoso que la Junta de Castilla y León aprobara los planes de la empresa, más aún cuando la media europea es de 130 vacas por explotación.

“Valle de Odieta se jacta del interés general de su proyecto en Noviercas, pero lo único que le mueve es producir más leche, más rápido y con el menor coste económico posible. Le traen sin cuidado las consecuencias de su actividad para el medio ambiente, la salud pública o el bienestar animal”, insiste Luís. Si la macrogranja de Caparroso ha infligido un daño espantoso al entorno, imagina lo que podría suceder con la de Noviercas, cinco veces más grande.

La ganadería industrial no beneficia a las comunidades rurales, envenena ríos y acuíferos, explota a los animales hasta la extenuación y es responsable del 67% de las emisiones de gases de efecto invernadero del sector agrícola español. Podemos y debemos parar el proyecto de Noviercas. Como anima Luís: “Necesitamos una rebelión ciudadana contra la ganadería industrial, y ya ha empezado”.

En Greenpeace reivindicamos un modelo de ganadería ecológico, de pequeña escala, justo y que ayude a mantener vivo el mundo rural. Más alto y claro que nunca, decimos: ¡No a las macrogranjas!

Ni en Caparroso, ni en Noviercas, ni en ningún sitio. Alza tu voz. En nuestra web puedes compartir tu opinión y unirte a las más de 78.000 personas que han firmado nuestra petición contra las macrogranjas.   

FIRMA LA PETICIÓN

 

Texto: Javier Moncayo   Fotos: Pedro Armestre / Greenpeace