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Los océanos ...o la vida

Un viaje histórico de polo a polo

Greenpeace se ha embarcado este año en una expedición de polo a polo para exigir la aprobación de un Tratado Global de los Océanos en Naciones Unidas.

Una de cada dos bocanadas de aire que respiramos procede de los océanos. Sin ellos, la vida en la Tierra sería inviable. Pero solo el 3% de sus aguas internacionales están protegidas. La comunidad científica exige que para 2030 al menos el 30% lo esté. El momento es ahora.

Los gobiernos de todo el mundo llevan meses negociando el que podría ser un histórico Tratado Global de los Océanos si finalmente se aprueba en Naciones Unidas en 2020. Pero hay muchos intereses en juego, los de un puñado de naciones que luchan por seguir explotando los mares. La ciencia, sin embargo, es cada vez más clara: solo la creación de una red de santuarios marinos podría proteger completamente las aguas de quienes pretenden seguir esquilmándolas.

Greenpeace se ha embarcado en la expedición más ambiciosa de su historia: un viaje de polo a polo de casi un año de duración, desde el Ártico hasta la Antártida, para exigir la aprobación de un Tratado Global de los Océanos. A lo largo de los casi 365 días de ruta, los barcos de la organización van a recalar en algunas de las áreas que necesitan ser protegidas con más urgencia. La expedición llevará a bordo a un equipo de científicos de primer nivel para documentar las principales amenazas que acechan las aguas de alta mar: el cambio climático, la sobrepesca, la contaminación  por plásticos, la minería y las prospecciones en busca de petróleo y recursos genéticos.

“Este viaje nos llevará a las primeras líneas de batalla en la defensa de nuestros océanos. Para Greenpeace se trata de una prioridad planetaria: si perdemos nuestros mares, perdemos también todo lo que hay en tierra. Con esta expedición, podemos prestar apoyo a la ciencia en su crucial labor por comprender cómo están cambiando los océanos y su vida marina y qué debemos hacer para que sobrevivan”, señala Pilar Marcos, responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace en España.

Greenpeace, en colaboración con las Universidades de York y Oxford (Reino Unido), ha publicado un innovador estudio que demuestra cómo una red de santuarios marinos podrían cubrir al menos un tercio de los océanos para 2030 y contribuir a paliar la extinción de especies. El informe 30×30: Guía para la protección de los océanos es el resultado de una investigación de más de un año liderada por referentes de la investigación marina como Callum Roberts o Alex Rogers. “La velocidad a la que se ha esquilmado el hábitat marino para algunos de sus animales más espectaculares e icónicos no deja de sorprendernos”, explica el profesor Roberts, biólogo de conservación marina de la Universidad de York. “Las pérdidas extraordinarias de aves marinas, tortugas, tiburones y mamíferos marinos revelan un sistema de gobernanza defectuoso que los gobiernos de Naciones Unidas deben solucionar con urgencia”

“Es vital que los gobiernos hagan lo correcto: el mundo necesita un tratado sólido que cuente con las herramientas suficientes para crear áreas marinas totalmente protegidas, libres de la actividad humana más dañina. No podemos olvidar que nuestro destino y el de los océanos están íntimamente relacionados”, concluye Marcos.

Los océanos son el mayor almacén de dióxido de carbono. si no existieran, las concentraciones atmosféricas de c02 serían un 50% más altas. si perdemos nuestros mares, perdemos todo.

10 razones para proteger los océanos Se conocen muy poco: En 10 años, entre 2000 y 2010, se censaron más de 6.000 nuevas especies de alta mar desconocidas hasta la fecha, lo que da la medida de hasta qué punto es desconocida la biodiversidad marina en estas aguas.

Amenazados por nuevas oportunidades de negocio: Ya hay empresas que se han embarcado en la búsqueda de recursos genéticos en los fondos marinos, oro en forma de patentes. Un ejemplo: solo una empresa, la transnacional química BASF, tiene registrado el 47% de las patentes de los recursos genéticos marinos. Minas destructoras en el fondo marino: Con la excusa de un creciente sector tecnológico y de las energías renovables, se ha abierto la veda para la exploración minera en los fondos marinos. Hasta el momento, se han emitido 29 concesiones para exploración de nódulos de polimetales, sulfuros y zonas ricas en cobalto del fondo marino.

Un océano sin peces: Un 59,9% de las poblaciones de peces analizadas están explotadas hasta su rendimiento máximo sostenible. Cinco naciones ostentan el 77% de la flota pesquera en alta mar: China, Taiwán, Japón, Indonesia y España.

El Ártico desaparece y, con él, su biodiversidad: El Ártico, el océano más desprotegido del planeta, alcanza en verano temperaturas medias de entre dos y tres grados más que la media entre los años 1982 y 2010. Con menos témpanos de hielo, los osos polares depredan, por ejemplo, el 90% de los nidos de aves marinas de Groenlandia o Svalbard.

Contaminación por plásticos: Se estima que al menos 690 especies se han topado con residuos marinos. El 92% de estos “encuentros” han sido con plásticos.

Emergencia climática: Las profundidades oceánicas son el almacén de dióxido de carbono más grande del mundo. Si no existiera esta bomba biológica en el mar abierto, las concentraciones atmosféricas de CO2 actuales serían un 50% más altas.

Puntos calientes de biodiversidad: Con una longitud de 16.000 kilómetros, la dorsal medioceánica atlántica es la cordillera más larga del mundo. Tan solo uno de sus montes, el monte submarino Annan, en las aguas exteriores del África occidental, contiene 30.000 especies.

El mar se traga nuestros tóxicos: El plancton marino acumula una concentración de metilmercurio de entre 500 y 500.000 veces más alta que el agua circundante. Un estudio de 2019 confirma que la mayor parte de la exposición al metilmercurio en Estados Unidos procedía de productos del mar pescado en mar abierto (un 45%).

¡No están protegidos y es urgente hacerlo!

LA SEXTA extinción de la Tierra.

Ya no hay duda. El planeta se encuentra en caída libre y, a menos que se tomen medidas urgentes, podría significar el colapso de la civilización. Lo ha dicho el último informe elaborado por el Panel Internacional de Expertos en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) de Naciones Unidas, el equivalente al IPCC sobre cambio climático, que arroja conclusiones aterradoras: un millón de especies se encuentran al borde de la extinción, una cifra sin precedentes en la historia de la humanidad, considerada como la sexta extinción de la Tierra.
Las actividades humanas han alterado significativamente la mayor parte de los mares y el suelo. Por ejemplo, el 66% de los mares muestra una alteración severa por el impacto humano, lo que está provocando el declive en la cantidad y diversidad de vida marina. Además, el estudio destaca la relevancia del conocimiento y los modos de vida de las comunidades locales e indígenas para el mantenimiento de la biodiversidad.
“Nuestros océanos sostienen toda la vida en la Tierra. Sin embargo, la mayor parte de la colaboración internacional se ha centrado en explotar la vida silvestre y su entorno. En lugar de saquear los mares para obtener ganancias a corto plazo, los gobiernos deberían poner la equidad y la sostenibilidad en el centro de su enfoque hacia los mares”, asegura Louisa Casson, responsable de la campaña de Océanos en Reino Unido.
El informe de la ONU confirma que los mecanismos existentes para proteger nuestros océanos no funcionan. Hoy en día no existe un instrumento legal que permita la creación de santuarios en aguas internacionales. La buena noticia es que todavía estamos a tiempo de cambiar de rumbo.
“Necesitamos un Tratado Global de los Océanos para proteger al menos el 30% de nuestros océanos globales para 2030. Esta es una oportunidad única para que los gobiernos trabajen juntos para salvaguardar la vida, garantizar la seguridad alimentaria de millones de personas y lograr océanos saludables que sean nuestro mejor aliado frente a esta emergencia climática”, concluye Casson.

Texto: Ana Martínez